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Artículo sobre Maritza
Sayalero, Miss Universe 1979
“Llegué
al Miss Venezuela por Osmel Sousa. Un domingo, comiendo con mis
papás en un restaurante, Osmel se acercó a la mesa
y nos dijo: ‘esta muchacha tiene muchas aptitudes para el
concurso, buen tamaño, buen cuerpo, y es muy guapa´.
Pasó el tiempo y, como un año después, nos
volvió a ver. Yo tenía ya diecisiete, y esta vez me
dejó el gusanito, lo platiqué con mis padres, pero
mi papá estaba renuente, ¿quién sabe qué
pensaba él?... Pero tenía el apoyo de mi mamá
y entre las dos lo convencimos. Ella fue mi mejor aliada. Desde
el principio hasta el día cuando me pusieron la corona siempre
estuvo a mi lado, iba con ella a todas partes. Yo era una muchacha
de su casa, estudiante. Eso me sirvió para que la gente me
quisiera y me tomara cariño. Fui una concursante tranquila,
nada conflictiva, muy apoyada y seguida por los medios. La única
fue Chepa Candela que a veces se metía con mi papá...
fueron tonterías, nunca tuve una experiencia desagradable”.
“Cuando gané sólo faltaban dos meses para el
Miss Universo. Fueron semanas de mucha preparación, tocar
puertas, aprender ciertos detalles, pedir ropa prestada... yo venía,
y todavía pertenezco a una familia normal, de clase media,
nada de lujos ni de mucho dinero. Recuerdo que dos señoras,
Maruja Beracasa y Antonieta Scanonne, me prestaron la ropa para
el concurso. La señora Beracasa me prestó un abrigo
de zorro plateado largísimo, un abrigo que me trajo suerte
y que recorrió todo el planeta”.
“Ese
año el concurso de Miss Universo era en Perth, Australia.
Era invierno. Cuando llegué, después de un viaje eterno,
me concentré en hacer el mejor papel. Un día me tocaba
una sesión de modelaje con los fotógrafos y corresponsales
que cubrían el evento, así que me puse mi bikini,
uno chiquitito negro, me recogí el pelo, me maquillé,
me puse mis pulseras y unas argollas grandotas, y salí para
la piscina del hotel con el abrigo de zorro puesto.
Hacía un frío horrible y estaba congelada.
Llegué a la piscina y estaban todos los fotógrafos.
De repente me subí en una piedra y les dije -en español-
‘¿ya están listos?, porque tengo mucho frío,
okey’. Ellos se prepararon y yo abrí el abrigo. Nunca
imaginaron que yo estaba en bikini, ¿quién sabe qué
estaban esperando? Me tomaron millones de fotos, fue una locura.
Yo sólo oía los flashes, y los clicks, estaba solita,
pero era mi momento”.
“Gané el Miss Universo. Fue un sueño, una maravilla,
algo inolvidable. Me regalaron un abrigo de piel, un carro, ropa
por un año, maquillaje. Tenía derecho a una audición
para hacer una prueba para cine, que no hice... pero sí fui
a una prueba de modelaje en la agencia de John Casablanca. Me entrevisté
con él dos veces y había quedado que cuando terminara
mis compromisos con el Miss Universo me establecería unos
tres meses en Nueva York para probar. Si no hubiera conocido a mi
esposo posiblemente lo hubiera hecho. Cuando me despedí del
señor Casablanca le di las gracias por la oportunidad y le
dije que a lo mejor había perdido a la top model de los ochenta,
pero que yo tenía otros planes. Me gané veinte mil
dólares en efectivo y le di la mitad a mis papás”.
“Todavía adoro los concursos de belleza. En casa saben
que no me pierdo el Miss Universo, me voy al cuarto y lo disfruto,
lo veo y lo vivo con amor y pasión... cruzando los dedos
por la venezolana, que siempre está pisándoles los
talones a todas, y mi marido, que lo ve conmigo, siempre me dice:
‘no puede ser, otra vez la venezolana’. Y a veces vacila:
´A mí se me hace que hay un pacto, un negocio, porque
esas venezolanas siempre dan el susto...´”.

“Mi experiencia ha sido cien por ciento positiva, no puedo
hablar mal ni decir nada feo de los concursos de belleza que gané,
porque si no hubiera sido por esos dos eventos de mi vida yo no
tendría lo que tengo ahorita. Estoy muy agradecida”.
Tomado de la Revista Estampas
Colaboración de Franco Saponaro (Venezuela)
Anécdota correspondiente al mes
de: ABRIL 2006
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